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Home Personas con discapacidad

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La Fundación Magdala se ha propuesto como objetivo apoyar a las mujeres que viven en situación de discapacidad y pobreza extrema. Para ello, ha adaptado la metodología Grameen a la situación específica de este colectivo.  En este programa el contexto geográfico es más disperso ya que se trabaja apoyado en asociaciones de personas que viven con discapacidad pero no restringida a una situación geográfica concreta. 

Este programa de microcréditos cubre una necesidad muy importante ya que apenas hay programas de microcréditos dirigidos a personas que viven con discapacidad y menos aún si estas personas viven además en situación de pobreza extrema.

Además, la Fundación Magdala llevará a cabo campañas de sensibilización promoviendo el respeto a los Derechos Humanos, incidiendo especialmente en la solidaridad hacia las personas que viven con discapacidad y son discriminadas por ello.

Según datos de Naciones Unidas (mayo 2008) en África viven alrededor de 80 millones de personas que viven con alguna discapacidad. El 3 de mayo 2006 entró en vigor la Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, un tratado global específico que atiende las necesidades de este colectivo. El texto reconoce la importancia de la cooperación internacional para mejorar las condiciones de vida de las personas con discapacidad en los países en vías de desarrollo, dado que la mayoría de ellas vive en condiciones de pobreza, sobre todo si se trata de mujeres y niñas, que sufren un riesgo mayor de discriminación.

A pesar de que 31 países de África, entre ellos la Republica de Tanzania, han firmado esta convención, suscrita por un total de 129 estados de todo el mundo, todavía son muy pocos los proyectos que se desarrollan en África orientados específicamente a las personas con discapacidad.

Las personas que viven con discapacidad en África lo hacen en una condición de exclusión tanto económica como social. En un continente donde la escasez de recursos alimentarios, la alta tasa de desempleo y la deficiencia de los servicios públicos afecta también a las personas que no tienen discapacidades, para estas personas las posibilidades de trabajar son aun más restringidas y en la mayoría se trata de actividades ocasionales y de muy bajos ingreso. Por ejemplo en las áreas rurales las personas que viven con discapacidad visual o motora, aunque encuentren trabajo en la agricultura casi exclusivamente se dedican a ahuyentar pájaros que puedan suponer un riesgo para las cosechas o, en las áreas urbanas, solo se dedican a vender en la calle, a trabajos de carpintería o reparar zapatos. Aunque las posibles actividades dependen de la zona donde se lleven a cabo (rural o urbano), del sexo y de los tipos de discapacidad.

Además en muchos casos los discapacitados son excluidos de trabajos de mayor calificación porque son analfabetos y carecen de formación adecuada. Esto se debe al hecho que, como afirma el informe de UNICEF sobre el Estado Mundial de la Infancia 2006, "la gran mayoría de los niños y niñas con discapacidades en los países en desarrollo no tiene acceso a ningún tipo de servicio de rehabilitación o apoyo, y muchos no pueden recibir una educación oficial”.

Otro de los aspectos más importantes de la discapacidad en África es la exclusión social. Esto es debido sobre todo al hecho de que hay mucha ignorancia y supersticiones sobre el tema. Así en muchos casos el nacimiento de un niño que sufre alguna discapacidad se ve como una maldición por la familia y se culpa a la madre (por esto un hombre puede abandonar a su mujer para buscarse otra esposa), las enfermedades mentales y, en particular la epilepsia, son consideradas contagiosas o con frecuencia las personas con discapacidad son acusados de brujería y vienen repudiados de sus comunidades y de sus familiares.

Entre las personas que viven con discapacidades las más vulnerables son las mujeres. En primer lugar porque tienen muchas menos posibilidades de formar una familia y en las sociedades patriarcales donde el rol de las mujeres es principalmente el doméstico y donde el acceso a los recursos económicos (como tener propiedad o tierra) es solo para los hombres, no casarse condena a una condición de pobreza extrema y exclusión, ya que sus familias también las consideran como un lastre. Además la mayoría de las mujeres con discapacidad son particularmente vulnerables debido a que son incapaces de defenderse en caso de ser atacadas, o abusadas sexualmente y también carecen de acceso a materiales de información sobre HIV o cuestiones de reproducción.

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